14 Mar 17

Cuándo usar frío y cuándo calor para tratar tus lesiones

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publicado por en la categoría Fitness y deporte, Salud y Bienestar

¿Quién no se ha lesionado alguna vez?. Siempre acudimos al hielo para tratar un esguince, bien hecho, pero cuando ya no hay hinchazón, el uso del calor también te puede ayudar. ¿Sabes cómo y cuándo usar el frío y el calor?

En el tratamiento de lesiones se pueden usar métodos de frío o de calor para mejorar las mismas. Sin embargo, muchas veces pueden surgir dudas de qué usar y cómo usarlo. Vamos a intentar despejar estas dudas, no sin antes dejar claro que el uso de frío o calor sólo es una parte del tratamiento. Aunque los síntomas remitieran, el paciente deberá realizar ejercicios para restablecer su flexibilidad y movimiento de las articulaciones.

El hielo se puede usar con compresión, elevación y refuerzo cuando hay lesiones graves. Con su uso disminuye la circulación, la inflamación, la actividad metabólica y adormece la piel. De hecho, disminuye el dolor, la hinchazón y los calambres, y se debe aplicar después de los ejercicios o actividades que nos produzcan dolor. Hay que recordar que son muchos los profesionales de numerosos deportes que se meten en hielo tras competir, por ejemplo, e incluso tras entrenamiento otros equipos se meten en ríos de agua muy fría, pero con una pauta temporal muy concreta. Esta terapia es recomendable cuando hay esguinces, cuando hemos forzado mucho una zona del cuerpo, cuando tenemos chichones o morados en la piel.

El hielo también tiene sus contraindicaciones. Por ejemplo, no se debe usar inmediatamente después de la actividad física, como tampoco aplicar si alguna parte de nuestro cuerpo está adormecida. No se debe usar si hay dolor o inflamación en un nervio o si el deportista tiene una disfunción simpática, es decir, una anormalidad de los nervios que controlan el flujo de sangre y las glándulas sudoríparas. Además, no es aconsejable aplicar sobre personas con una enfermedad vascular, ni en personas con una herida abierta o que no ha cicatrizado, y en deportistas que tiene hipersensiblidad al frío.

También el uso del calor puede ser beneficioso para tratar lesiones o síntomas ya que aumenta la circulación, la actividad metabólica y la inflamación. Hay que tener en cuenta que mejora el rendimiento de los tejidos suaves, alivia el dolor y los espasmos. Sin embargo, como todo, tiene sus contraindicaciones: puede aumentar la inflamación y la hinchazón, amén de que puede provocar quemaduras si se usa demasiado tiempo. No se debe usar el calor tras realizar actividades físicas, ni en áreas adormecidas, como pasa con el hielo, ni cuando tenemos una herida abierta o quemadura. Además, tampoco se debe usar tras una lesión grave o si tenemos fiebre o fatiga por calor.

Al fin y al cabo, lo que hace el calor es llevar sangre a la zona dañada aportando los nutrientes necesarios para sanar esa lesión, amén de aumentar la flexibilidad de tendones y músculos. Y es que, al permitir una dilatación de los vasos sanguíneos, el calor acelera el flujo y permite la llegada de oxígeno y nutrientes que reduce la presión sobre las articulaciones y alivia el dolor de los músculos.

¿Uso frío o calor?

Una vez vistos los efectos y las contraindicaciones del frío y del calor vamos a intentar aclarar cuando hay que usar cada uno de ellos, dado que son dos de las terapias más comunes para aliviar dolores musculares o articulares. Como regla básica se debe usar frío ante un dolor reciente, ante una inflamación recién producida, mientras que el calor debe ser el tratamiento a seguir si hay un malestar recurrente, dolores crónicos, ya que hace fluir más la sangre y ayuda a que haya una curación más rápida. Así que como norma general, al producirse la lesión o cuando haya inflamación usaremos hielo y cuando ya sólo haya dolor o lesión, calor.

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