18 Ene 18

¿Es posible educar la personalidad?

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publicado por en la categoría Salud y Bienestar

Nos preocupamos, no agobiamos, no sabemos si educamos bien a nuestros hijos. No son conocimientos, son valores. No podemos elegir por ellos, pero sí ayudarles a elegir bien.

De nuestros hijos siempre nos preocupa todo. Al punto que muchas veces nos gustaría comprar una serie de virtudes, valores o habilidades para instalárselas como si fuera nuestro último Iphone. Es evidente que no es posible. José Antonio Marina, uno de los filósofos, ensayistas y pedagogos más importante de este país en materia de educación de los niños, ha escrito un artículo muy interesante a este respecto en la web de www.elconfindencial.com titulado: ¿Se puede educar la personalidad? En él, entre otras cosas habla de las diferentes teorías para esta pregunta basándose claro en su conocimiento y el trabajo que desarrolla en la Universidad de Padres, proyecto impulsado por el toledano con el fin de implicar a la sociedad en la educación de nuestros hijos.

En dicho artículo Marina empieza por analizar los sistemas educativos que están creciendo en el mundo con proliferación de propuestas, métodos, innovaciones, reformas y movimientos estratégico y a los que ha prestado su atención hasta determinar en su libro ‘El bosque pedagócico’ su pesimismo sobre los mismos. El autor afirma que “pese a la brillantez de muchos esfuerzos, no disponemos de una pedagogía, ni de psicología que nos permita resolver los imponentes retos que plantea una acelerada sociedad del aprendizaje” debido a la fragmentación de sus teorías. Y es que Marina afirma que carecemos de una teoría clara del sujeto humano porque cada escuela psicológica es estupenda en los suyo, pero no sabe qué hacer con lo del vecino. Y como ejemplo explica que en la American Psychological Association hay cincuenta divisiones que no se hablan entre ellas. Es decir, dividen las competencias, destrezas, inteligencias, actitudes, capacidades y luego intentan unirlas, pero no analizan a la persona como una unidad. Cada psicólogo defiende su idea sin preocuparse de integrarla con las demás. De ahí aparece la gamificación, el aprendizaje mediante el juego, aumenta las ‘flipped classroom’ y llegamos a escuchar que no hace falta aprender lo que se puede buscar, por lo que el conocimiento no está en el sujeto, sino en internet.

Ante esta perspectiva, el autor empieza a preguntarse si se puede educar la personalidad. A partir del estudio realizado por Francisco López Rupérez e Isabel García García titulado ‘Valores y éxito escolar. ¿Qué nos dice PISA 2015?’ recoge el guante de la recomendación de una “educación del carácter” que es un proyecto que se lleva a cabo en Estados Unidos, sobre todo. Vendría a ser un paso más en la “educación en valores” o más bien “educación en virtudes”, aunque señala Marina que la virtud se ha pervertido en Europa, ha perdido su carácter de “hábito que favorece la excelencia”. En el mundo anglosajón virtud se traduce como streght, fortaleza, por lo que allí sí tiene más sentido, lo que le lleva a explicar que la educación del carácter es el fomento de las fortalezas humanas para la excelencia. Pese a ello, Marina recalca que el modelo americano tiene dos problemas: el primero que se han apropiado del proyecto los sectores más conservadores y el segundo es que no tiene un concepto claro de la personalidad.

Por el contrario, afirma Marina que en la Universidad de Padres han superado estos dos problemas partiendo de la base de la pregunta principal: ¿se puede educar la personalidad? entendiendo personalidad como un concepto psicológico para designar las pautas estables del pensamiento, sentimientos y acción de una persona. Y es que la mayoría de los psicólogos creen que la personalidad se mantiene casi inalterada a lo largo de la vida. Ante ello, la Universidad de Padres identifica tres niveles de personalidad: la heredada o innatas al temperamento, la aprendida o de hábitos adquiridos, y la elegida o el despliegue de su libertad. En base a ello, Marina habla de un nuevo modelo de inteligencia, la pedagogía científicamente fundada en la que la base es la idea de que no podemos decidir la vida de nuestros hijos, alumnos o de los ciudadanos, sólo podemos ayudarles a formar el carácter adecuado para que elijan bien.

Y termina afirmando que la educación del carácter se ocupa del fomento de los hábitos intelectuales, emocionales, ejecutivos y éticos de una persona y, por tanto, espera que este modelo de la Universidad de Padres vaya introduciéndose.

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