Cómo tratar la vergüenza en los niños

Todos los niños sienten más o menos vergüenza y muchas veces se confunde con timidez, pero ambas características tienen solución y no son graves, a priori.

La vergüenza en los niños pequeños es una actitud habitual. ¿No saludan a extraños, se esconden detrás de nosotros y sólo quieren estar cerca de sus padres? Su inseguridad se llama vergüenza, aunque también se puede disfrazar de timidez. Su desarrollo afectivo está cimentado sobre la relación con sus padres y quizás no está preparado para explorar otras relaciones. El niño descubrirá la palabra no y empezará a querer hacer las cosas solo. También el miedo a los extraños, aquellos que están fuera de su círculo más cercano.

Es fácil que en niños pequeños se confunda la timidez con la vergüenza, pero no siempre es así. Es decir, no es que al niño no le guste jugar con otros, sino que le gusta más jugar solo. No entienden que desconocidos le traten con familiaridad, se siente pequeño para realizar algunas actividades y los cambios le producen ansiedad. Al final, cuando un niño es vergonzoso quizás el mensaje que nos está mandando es que necesita estar más tiempo cerca de las personas que le ofrecen seguridad y no es bueno obligarle a relacionarse con los demás. Ante esta cuestión es importante aceptar que nuestro hijo es así. Tampoco debemos tratar de hacerle cambiar sea por vergüenza o timidez.

Ante un niño con vergüenza es recomendable no forzarle a hacer cosas que no quiere, no juzgarle, ni agobiarle, ni agobiarnos, debemos ponernos en su lugar, sentir lo que él siente y proporcionarle un entorno físico y afectivo en el que se sienta seguro. A veces sí es timidez y es una cuestión de carácter. Igual que hay niños habladores, los hay callados.

Sin embargo, si hay momentos en los que debemos preocuparnos por esa timidez o vergüenza. Si va a cumplir tres años y no tiene interés en jugar con otros niños o le crean ansiedad las situaciones nuevas o las personas desconocidas, si es insensible al contacto físico o tiene un retraso significativo en el lenguaje o no se relaciona, si no se muestra tranquilo con sus padres ni es capaz de mantener contacto visual con ellos, entonces debemos preocuparnos y consultar con nuestro médico.

Ante estas situaciones debemos saber que podemos ayudar a nuestros hijos a superar la vergüenza siguiendo algunas de las siguientes indicaciones. La primera de ellas es aumentar su autoestima y la confianza, la segunda sería proporcionar una imagen lo más real posible de sí mismo para que tenga un concepto positivo de sí mismo. Es importante evitar las críticas y las comparaciones. El tercer paso sería elogiar sus logros y el cuarto sería tratar sus fracasos y errores con naturalidad. Es importante que no fuerces al niño con vergüenza, ya que crearas una tensión innecesaria y contraproducente. Por último, es importante que no trates de sobreproteger al niño y sí anímale a que se enfrente solos a cuestiones sociales.

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Salud y Bienestar · Escrito por el 08/02/18


¿Es posible educar la personalidad?

Nos preocupamos, no agobiamos, no sabemos si educamos bien a nuestros hijos. No son conocimientos, son valores. No podemos elegir por ellos, pero sí ayudarles a elegir bien.

De nuestros hijos siempre nos preocupa todo. Al punto que muchas veces nos gustaría comprar una serie de virtudes, valores o habilidades para instalárselas como si fuera nuestro último Iphone. Es evidente que no es posible. José Antonio Marina, uno de los filósofos, ensayistas y pedagogos más importante de este país en materia de educación de los niños, ha escrito un artículo muy interesante a este respecto en la web de www.elconfindencial.com titulado: ¿Se puede educar la personalidad? En él, entre otras cosas habla de las diferentes teorías para esta pregunta basándose claro en su conocimiento y el trabajo que desarrolla en la Universidad de Padres, proyecto impulsado por el toledano con el fin de implicar a la sociedad en la educación de nuestros hijos.

En dicho artículo Marina empieza por analizar los sistemas educativos que están creciendo en el mundo con proliferación de propuestas, métodos, innovaciones, reformas y movimientos estratégico y a los que ha prestado su atención hasta determinar en su libro ‘El bosque pedagócico’ su pesimismo sobre los mismos. El autor afirma que “pese a la brillantez de muchos esfuerzos, no disponemos de una pedagogía, ni de psicología que nos permita resolver los imponentes retos que plantea una acelerada sociedad del aprendizaje” debido a la fragmentación de sus teorías. Y es que Marina afirma que carecemos de una teoría clara del sujeto humano porque cada escuela psicológica es estupenda en los suyo, pero no sabe qué hacer con lo del vecino. Y como ejemplo explica que en la American Psychological Association hay cincuenta divisiones que no se hablan entre ellas. Es decir, dividen las competencias, destrezas, inteligencias, actitudes, capacidades y luego intentan unirlas, pero no analizan a la persona como una unidad. Cada psicólogo defiende su idea sin preocuparse de integrarla con las demás. De ahí aparece la gamificación, el aprendizaje mediante el juego, aumenta las ‘flipped classroom’ y llegamos a escuchar que no hace falta aprender lo que se puede buscar, por lo que el conocimiento no está en el sujeto, sino en internet.

Ante esta perspectiva, el autor empieza a preguntarse si se puede educar la personalidad. A partir del estudio realizado por Francisco López Rupérez e Isabel García García titulado ‘Valores y éxito escolar. ¿Qué nos dice PISA 2015?’ recoge el guante de la recomendación de una “educación del carácter” que es un proyecto que se lleva a cabo en Estados Unidos, sobre todo. Vendría a ser un paso más en la “educación en valores” o más bien “educación en virtudes”, aunque señala Marina que la virtud se ha pervertido en Europa, ha perdido su carácter de “hábito que favorece la excelencia”. En el mundo anglosajón virtud se traduce como streght, fortaleza, por lo que allí sí tiene más sentido, lo que le lleva a explicar que la educación del carácter es el fomento de las fortalezas humanas para la excelencia. Pese a ello, Marina recalca que el modelo americano tiene dos problemas: el primero que se han apropiado del proyecto los sectores más conservadores y el segundo es que no tiene un concepto claro de la personalidad.

Por el contrario, afirma Marina que en la Universidad de Padres han superado estos dos problemas partiendo de la base de la pregunta principal: ¿se puede educar la personalidad? entendiendo personalidad como un concepto psicológico para designar las pautas estables del pensamiento, sentimientos y acción de una persona. Y es que la mayoría de los psicólogos creen que la personalidad se mantiene casi inalterada a lo largo de la vida. Ante ello, la Universidad de Padres identifica tres niveles de personalidad: la heredada o innatas al temperamento, la aprendida o de hábitos adquiridos, y la elegida o el despliegue de su libertad. En base a ello, Marina habla de un nuevo modelo de inteligencia, la pedagogía científicamente fundada en la que la base es la idea de que no podemos decidir la vida de nuestros hijos, alumnos o de los ciudadanos, sólo podemos ayudarles a formar el carácter adecuado para que elijan bien.

Y termina afirmando que la educación del carácter se ocupa del fomento de los hábitos intelectuales, emocionales, ejecutivos y éticos de una persona y, por tanto, espera que este modelo de la Universidad de Padres vaya introduciéndose.

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Salud y Bienestar · Escrito por el 18/01/18


La autonomía futura de nuestro hijo se crea desde pequeñito

Los padres queremos siempre proteger y simplificar las cosas a nuestros hijos, pero no les hacemos ningún favor. Debemos ayudarles a ser autónomos y autosuficientes, desde pequeñitos.

Cuando somos padres queremos, consciente o inconscientemente, darle las cosas fáciles o hechas a nuestros hijos. Es la naturaleza. Sin embargo, sabemos, muy en el fondo, que debemos darles autonomía desde pequeñitos. Aunque nos cueste, sabemos que es lo mejor porque todos sabemos que los niños se sienten más seguros cerca de nosotros, pero pronto quieren explorar y descubrir. Con la ganancia de autonomía les ayudamos a que sean más maduros y aprendan a hacer las cosas por sí mismos, lo que hará que tengan más autoestima, lo que, a su vez, les convertirá en personas más felices y seguras. Si se lo damos todo hecho serán incapaces de desenvolverse por sí solos cuando nosotros no estemos presentes.

De esta manera, hay formas para que los niños vayan ganando en autonomía, siempre entendiendo que es un proceso y no una meta. Ya desde que pequeños, debemos practicar el apego, para educarles desde el respeto y la empatía, entendiendo y satisfaciendo sus demandas y necesidades. Debemos fomentar su comunicación interpersonal para que se conozca a sí mismo. Darle autonomía no significa que pueda hacer lo que quiera. Es importante que entienda que tiene unos límites que le marcamos nosotros de manera firme. De esta manera cuando los supere será reprendido y cuando los cumpla será felicitado.

Una de las cosas más importantes es que el niño se divierta con juegos adecuados a su edad. No por intentar empezar antes va a aprender antes. De lo contrario, si le damos juegos para los que no está preparado a su edad, el niño se aburrirá. Esto mismo vale igual con las actividades diarias que va aprendiendo el niño. Cada día, cada edad, cada momento tiene sus ejercicios. Debemos animar a los niños a que sean autónomos, o al menos, lo intenten y debemos aplaudirles por sus logros.

Debes elogiar los aciertos de tus hijos, evitando alabarle demasiado, ya que puede ser contraproducente, pero cada intento de ser autónomo, de hacer una cosa nueva debe ser apoyado por los padres. No sólo eso, sino que tenemos que aprender a relativizar los errores de los niños y valorar el esfuerzo que hacen. Precisamente, éste es un valor fundamental para todas las personas y sus futuros logros.

Aprender en el cole o en cualquier otro lugar, es clave en el desarrollo de la autonomía moral e intelectual de los niños. El aprendizaje debe ser basado en la edad, en el juego y significativo. Debes saber, además, la importancia que tiene el hecho de que el niño participe. Dale pequeñas responsabilidades para que sea confiado y autónomo. Le puedes ir implicando en la tareas del hogar siempre adaptadas a su edad.

Otro de los puntos importantes es que el niño debe tener derecho a hacer sus propias elecciones y tomar sus primeras decisiones, donde pueda aportar su opinión. Escuchándole le fortalecemos. Dale seguridad a tu hijo, acompáñale cuando te lo pida, pero debes ser capaz de separarte cuando él ya pueda hacer ciertas cosas solo. Si supera pequeños retos solo hará que aumente su confianza y las ganas de seguir aprendiendo. Si se lo damos todo hecho no verá la necesidad de esforzarse.

Por último, y no menos importante, respeta los estados de ánimo de tu hijo. Es importante que les apoyes en tener su autonomía, pero puede ser que haya momentos en los que necesite sentirse arropado y ahí es donde debemos ser padres, apoyar y animar a hacer más cosas cada vez solo, pero sin forzar.

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Noticias · Escrito por el 24/10/17


¿Sabes por qué tus hijos se portan mejor fuera de casa?

A quien no le ha pasado que ve como sus hijos no obedecen, gritan, pelean en nuestra casa y cuando van fuera son los niños más educados y atentos del mundo. Todo tiene explicación y esto también.

Es un clásico que pasa de generación en generación. ¿Por qué niños que se portan fenomenal en casa de extraños, de abuelos o tíos y cuando llegan a casa tienen mal comportamiento? ¿Por qué los niños se portan peor cuando están con sus padres?

En estos casos a los padres nos suele invadir una sensación agridulce. Por un lado, nos sentimos alegres por su conducta con otras personas, nos sentimos orgullosos de la educación que les damos y por otra nos indignamos porque no hacen lo mismo con nosotros y nos hacen pasar rabia en nuestra propia casa con su comportamiento: gritos, peleas, contestaciones…

Alba Caraballo, editora de Guiainfantil.com, escribió hace poco una artículo tocando este tema con el inequívoco nombre de ¿Por qué los niños se portan peor en presencia de sus madres? Los postulados y conclusiones se pueden generalizar a por qué se portan peor en presencia de su padre y madre. Se afirma en este reportaje que la respuesta a esa pregunta tiene dos vertientes: la confianza y la necesidad de llamar la atención.

Por una lado, la confianza. Al final somos los papás y las mamás los que pasamos mucho tiempo con los niños, lo cual hace que haya una confianza mayor que con otras personas, aunque sean de un entorno cercano. Siempre se ha dicho que la confianza da asco y en este caso, pese a haber hijos de por medio, es completamente cierto. Los niños, con esa confianza, se relajan en su conducta y dan rienda suelta a sus emociones. No es una novedad, nosotros adultos, no nos comportamos igual en nuestro círculo más íntimo que en otro más generales.

Sólo con las personas con las que tenemos más confianza somos capaces de ser nosotros mismos, cuando nos relajamos y mostramos realmente como somos. Al fin y al cabo, todos mostramos nuestras virtudes y defectos cuando estamos en un entorno conocido, con personas que sabemos que no nos van a juzgar mal.

La segunda explicación tendría que ver con la demanda de nuestra atención. Solemos pensar que nuestros hijos quieren molestarnos con sus conductas, cuando lloran, patalean o gritan. Sin embargo, estos comportamientos, según la autora de este libro, sólo tienen por objetivo llamar nuestra atención porque los niños necesitan nuestro cariño y afecto, y siempre, siempre van a necesitar más, van a pedir más. Muchas veces buscan consuelo y lo buscan en quienes le son más cercanos. Afirma la autora que en las madres lo buscan cuando tienen una pesadilla o se han caído, de alguna manera, la protección que asocian de forma innata con la supervivencia, mientras que buscan más a los papás cuando se quieren divertir, explorar, jugar o, incluso, buscan consejo.

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Noticias, Salud y Bienestar · Escrito por el 08/08/17


¿Estamos educando a nuestros hijos en la ira?

Cualquier comportamiento de unos padres pueden marcar el de sus hijos. Todo lo que hacemos y decimos tiene reflejo en nuestros hijos. Educamos con los hechos y las palabras.

Siempre ha pasado. Los niños se enfadan, tienen rabietas y la manera de reaccionar ante estos comportamientos por parte de los padres puede marcar la futura educación de los más pequeños de la casa. No sólo eso, como es lógico, los padres que demuestran y expresan su ira delante de sus hijos provocan que estos tengan los mismos ataques desde bien pequeños. Lo cierto es que los niños deben aprender a respetar las opiniones de los demás y a aceptar que su opinión, su punto de vista, no es el único.

Un artículo aparecido a mediados de julio en la USNews se preguntaba si estábamos haciendo adictos a la ira a nuestros hijos y animaba a enseñarles a pensar por sí mismos en lugar de observar como se conforman con lo que les viene dado o no son capaces de recapacitar y defender sus propias convicciones sin enfados. Y es que al enfadarnos, nuestro cerebro nos hace sentirnos bien, ya que libera dopamina y otras endorfinas, al punto de que hay personas que pueden engancharse a sus propias y justas indignaciones.

En este punto, el cerebro de un adolescente, como es lógico, es más vulnerable a la adicción a la ira. Es más, los niños pueden heredar de alguna manera la ira en el comportamiento de sus padres. La investigación de la Universidad de Brown estima que nuestras demostraciones adultas de desacuerdo hostil se mantienen con nuestros hijos más de lo que nos gustaría. Es decir, si nosotros tenemos comportamientos hostiles, de demostración de ira, nuestros hijos tenderán, como sucede en otras muchas situaciones, a copiar el comportamiento de sus padres. Aquí vendría muy bien aquello de que hay que educar con la palabra y con los hechos.

Por el contrario, y como es lógico, pese a que a nuestros cerebros les gusta estar enojados, si nuestros niños nos ven hablar con ellos con respeto y comprensión desarrollarán la capacidad del respeto y la comprensión como consta en una investigación de 2015 en la revista Development and Psycholopathology. Tenderán, también, a la imitación.

Es por ello que nuestro comportamiento debe inspirar a nuestros pequeños, debemos pasar tiempo con ellos ayudándoles a elegir un buen comportamiento, somos los espejos en los que ellos se miran. Y es que muchos de los impactos que reciben de la televisión, de internet o de la vida misma no animan a contener la ira, sino todo lo contrario.

Los padres tenemos que ser un pozo de serenidad, de agarre con la vida. Debemos ayudar a nuestros hijos a pensar con claridad y empatía, educándolos para tolerar los desacuerdos e impidiendo que caigan presa del ciclo de dependencia irracional ideológicamente impulsada. De alguna manera, ayudemos a nuestros hijos a pensar, no a decirles qué tienen que pensar. Ayudarles a discutir con argumentos es una de las mejores armas que podemos ofrecerles hoy a nuestros pequeños.

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Noticias, Salud y Bienestar · Escrito por el 01/08/17


Los niños, las víctimas colaterales del maltrato familiar

El maltrato familiar, sea físico o psicológico, no sólo daña a quien lo sufre en primera persona, sino también a los hijos de una manera psicológica que marca la creación de su personalidad.

Nuestros hijos son, seguramente, nuestra mayor preocupación. Lo daríamos todo por ellos y por evitarles sufrimientos, frustraciones o miedos. Por eso tenemos que saber que todo lo que viven en su infancia, todo lo que les rodea, les influirá en la formación de su personalidad, de su carácter y forma de ser.

La psicóloga Olga Carmona ha escrito en El País un artículo muy interesante sobre como una relación tóxica, de maltrato físico o psicológico, entre los padres puede marcar la personalidad de nuestros hijos. Y es que el artículo defiende que la violencia, ya sea física o psicológica, que se ejerce sobre la pareja también es maltrato infantil, al punto que asegura que los hijos que crecen en familias en las que ocurre esto lo aprenden e interiorizan como la forma más normal de relacionarse: aprenden una forma patológica de relacionarse con los otros y padecen las secuelas del maltrato. De esta manera, frecuentemente los hijos varones tienden a transformarse en maltratadores, mientras que las niñas tienden a convertirse en maltratadas cuando son adultas.

No en vano, en este artículo se indica que cuando eres testigo o víctima de una comunicación tóxica, que se basa en el control, la manipulación, el chantaje, el discurso ambivalente y la aniquilación de la autoestima del que está a mi lado pasa factura a los hijos en el futuro. Las secuelas son físicas y psicológicas. Las segundas son más obvias, pero las primeras pueden afectar, en el presente y en el futuro, a problemas con el sueño, la alimentación, retraso en el crecimiento, síntomas psicosomáticos, etc…

Tampoco son desdeñables los daños a nivel emocional afectando a la formación de la personalidad, problemas de ansiedad, ira, depresión y trastornos de la conducta. En la infancia, estas secuelas se traducirán en conductas agresivas, rabietas, hiperactividad, pocas habilidades sociales, falta de empatía, aislamiento y depresión. Es más, emociones como la culpa, la impotencia y la rabia son habituales en la infancia de los niños que ven como uno de sus padres maltrata a otro.

Carmona señala, además, que lo verdaderamente perverso de la exposición infantil al maltrato es el “doble vínculo”, ya que el niño recibe dos mensajes contradictorios. Por un lado, está programado para imitar la conducta de sus padres y por otro también ve el sufrimiento y el progresivo deterioro de la persona maltratada. Todo ello crea ansiedad y está en el origen de trastornos posteriores. Llegado este punto nos podemos preguntar por la capacidad educativa y emocional de una persona maltratada, qué puede aportar a un niño, de dónde sacará la energía necesaria para educar y criar con paciencia, tolerancia y flexibilidad, cerrando el círculo. Es probable que los niños que hoy ven impotentes el maltrato en su casa, mañana ejerzan o sufran este mismo maltrato, perpetuando así la violencia por generaciones. Y es que en palabras del neuropsiquiatra Jorge Barudy: “Tratar bien a un niño es darle utensilios, herramientas, para que desarrolle su capacidad de amar, de hacer el bien y de apreciar lo que es bueno y placentero” y sigue explicando el chileno que “para ello debemos ofrecerles la posibilidad de vivir en contextos no violentos, donde los buenos tratos, la verdad y la coherencia sean los pilares de la educación”.

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Salud y Bienestar · Escrito por el 15/06/17


Esto debes tener en cuenta si quieres acoger a un ‘au pair’

Puede ser una experiencia enriquecedora para tus hijos, para vosotros y para la persona que venga a convivir con vosotros. Tus hijos aprenderán otro idioma, él o ella mejorara el castellano y todos aprenderéis de las nuevas experiencias.

Seguro que alguna vez te has planteado la opción de que una persona anglosajona pudiera vivir en tu casa con el fin de cuidar y enseñar inglés a tus hijos mientras ella realiza otras actividades para aprender castellano. Son las nuevas Au pair, que también trabajan en España, ya que estamos más acostumbrados a que la sobrina de tu vecina del quinto se vaya a Inglaterra o Francia para aprender idiomas.

La siguiente pregunta seguro que es: ¿Y qué requisitos tienes que cumplir para acoger a una de esas personas? Pues tener, al menos, un hijo menor de 18 años en casa, un cuarto individual para la au pair, que deberá cuidar a los niños y ayudar en las pequeñas tareas de la casa. Además, en tu familia debéis hablar cotidianamente en castellano y no podéis tener la misma nacionalidad que el o la candidata.

¿Y los candidatos? ¿qué requisitos tienen que tener? Pues lo primero que tienes que hacer es saber si la persona en la que has pensado cumple una serie de condiciones, empezando por si pertenece a un país de la Unión Europea o no. Entre los países comunitarios, debe tener entre 17 y 30 años, no ser española, tener un buen nivel de español y desear mejorar el nivel, ser soltera y no tener hijos, poder permitirse el viaje y poseer un seguro médico. Si, por el contrario, no procede de la Unión Europea, la persona que aspire a venir a España como ‘au pair’ debe cumplir los mismos requisitos, salvo que esa persona tiene que ser mayor de edad, por lo que deberán tener entre 18 y 30 años.

Debes saber, además, que no existe oficialmente un programa de au pair en España, pero si diversos visados que permiten a los jóvenes de otros países trabajar en este régimen. Todo depende de la nacionalidad de esta persona y que no se pueden acoger personas cuya lengua materna sea el castellano. Cuando el au pair esté en nuestro país, deberá solicitar la tarjeta de identidad de extranjero en la oficina de Extranjería si se va a quedar más de seis meses en España. Pese a que no existe un programa oficial, como ya hemos explicado, España firmó el Acuerdo Europeo de Colocación au pair y los ciudadanos de casi todos los países pueden viajar al país si llevan a cabo diferentes trámites en España.

En cuanto a la vida de los au pair en España, es importante delimitar una serie de cuestiones. La tarea principal del au pair será ayudar en el cuidado de los niños y se ocupará de pequeñas tareas del hogar. Lo suyo es llegar a un acuerdo para decidir sus tareas exactas y es recomendable incluirle en el contrato au pair. Debes tener en cuenta, además, que tus gastos aumentarán en cuanto entre en vuestra casa porque es una persona adulta y tiene derecho a comida y alojamiento gratis, y deberéis darle una paga semanal, alrededor de 70 euros a la semana. Todo ello aunque enferme o se coja unos días de vacaciones.

Su horario de trabajo no podrá exceder de 30 horas semanales, incluyendo un máximo de dos noches como canguro. Además, los au pair tendrán derecho a un día libre completo a la semana y uno de ellos al mes deberá ser domingo. No sólo eso, también tendrán derecho a disfrutar de unas vacaciones que, aunque no existe legislación, debería ser de cuatro semanas por año trabajado. Todo ello debéis hablarlo con él.

Por último, el au pair deber asistir a un curso de español para mejorar su destreza. Los que viajen con un visado de estudiante deberán asistir a una academia acreditada por el Instituto Cervantes durante un mínimo de 20 horas semanales. Es importante crear un contrato en el que ambas partes reflejéis vuestras expectativas

Para encontrar au pair puedes tirar del tradicional método de personas que conocen a alguien interesado o bien acudir a algunas de las agencias que se encargan de poner en contacto a las familias con los candidatos.

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Noticias · Escrito por el 30/05/17


La mano dura en la educación pasó de moda y no es eficaz

Enseñar y educar a un hijo es un proceso largo que requiere dedicación, pero ahora sabemos que si se hace enseñando con una sonrisa tendrá mejores resultados que con mano dura.

El tiempo en el que la educación de los hijos se inculcaba en los niños a base de dolor y castigos ya quedan muy lejos y ahora son otras las técnicas que se usan para que los niños adopten las más mínimas reglas de educación y convivencia. Cambian los tiempos, cambian los padres y los hijos y la forma en la que se educa, en la que se vive. Las psicólogas Isabel Serrano Rosa y María Ramos han escrito un artículo en la revista de El Mundo, Zen, con el llamativo título de “Educar con mano dura ya no funciona”.

Y es que en este artículo se desarrollan algunos de los problemas que tenemos los padres de hoy para educar a nuestros hijos de la mejor manera posible. Tenemos mucha información, pero no la formación para hacérsela llegar a nuestros niños. Es por ello que improvisamos, reaccionamos de mala manera y nos culpabilizamos de los éxitos o fracasos de nuestros hijos a corto plazo. Y es que todos nos acordamos que la autoridad paterna antes era suprema, no se ponía en cuestión. Ahora los padres tenemos dificultades, muchas veces, para ganarnos el respeto de nuestros hijos y ser capaces de educarlos.

Estas dos psicólogas hablan de diversos tipos de padres que se encuentran en la actualidad como los hiperprotectores, que son aquellos que dan todo lo que necesitan los niños con lo que crecen débiles. Están también los permisivos, que por evitar los conflictos y mantener la armonía negocian el cumplimiento de las normas convirtiéndolos en pequeños tiranos. Existen aún también los autoritarios, pero que provocan hijos rebeldes, y después nos encontramos con los intermitentes, que pasan de la permisividad al autoritarismo, y los asertivos, que son aquellos que dan afecto y disciplina positiva gracias al respeto mutuo y la colaboración.

Las autoras apuestan por una disciplina positiva en casa, en la que la autoestima sea una pieza básica y para conseguirla no se evitan los obstáculos, sino que se enfrentan a ellos pese a que supongan un esfuerzo. La inclusión de límites y normas es fundamental siempre que estén adaptadas a la edad de los niños y que se basen en el beneficio colectivo. Ante estas normas se deben poner también castigos si estas no se cumplen y siempre se han de hacer cumplir con amabilidad y respeto. Hay que ser positivo, no permisivo, ayudar a reflexionar y sacar conclusiones.

Concluyen las psicólogas que para madurar los niños han de convivir muchas veces con el fracaso ya que el objetivo no debe ser castigar sino enseñar, ya que la mano dura interrumpe la conducta, mientras que la enseñanza ofrece capacidades para toda la vida. Ama, educa y forma a tus hijos con una sonrisa, enseñando, no con mano dura.

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Noticias · Escrito por el 16/05/17


Cuentos para niños pequeños hasta 5 años

Los cuentos son un elemento muy importante para estimular a los niños en cuestiones como el lenguaje, pero también una gran ayuda para la mejora de las capacidades intelectuales, además de un excelente momento en la relación entre los padres y los hijos.

Cuentos para niños pequeños hasta 5 años

Sin embargo, no siempre tenemos claro cuáles son los cuentos más apropiados según los diferentes tramos de edad. Vamos a tratar de ayudarte a descubrir qué tipos de cuentos son los más adecuados para tus hijos, en este caso para edades hasta cinco años.

En primer lugar ten en cuenta que cuanto más tiempo puedas prolongar durante el crecimiento del niño ese momento de lectura de cuentos, mejor. Y también que no existe una edad límite específica para abandonar esta lectura, aunque tus hijos, poco a poco harán que te des cuenta que ya no lo necesitan o demandan del mismo modo.

Hoy en día vas a encontrar una enorme cantidad de cuentos y autores dedicados a este tipo de literatura. A veces se hace complicado elegir, ya que la oferta es muy amplia. Por ello, resulta interesante tener en cuenta algunos criterios según edad para esta búsqueda.

Hasta que él niño cumpla el primer año debemos buscar cuentos destaquen por el ritmo de las palabras sobre todo. Ten en cuenta que en esta fase es difícil que los niños atiendan y comprendan el mensaje por lo que buscamos más captar su atención a través del ritmo, y, aquí, los padres tenemos que hacer un pequeño esfuerzo actoral que probablemente sea en esta fase cuando más importa la interpretación que le demos al cuento. Así que recuerda, cuentos rítmicos en cuanto al texto y de extensión corta.

Entre un año y dos años debemos buscar ya aquellos cuentos que permitan mejorar el lenguaje y la expresión de los niños. Estos cuentos pueden ser ya a esta edad con historias hilvanadas con principio y fin. Aún es casi más importante del lenguaje que el contenido, se trata de ir incorporando palabras y expresiones, aunque las historias comienzan a cobrar importancia. Procura buscar cuentos que resulten cercanos en lo posible en cuanto a las historias, por ejemplo si el niño muestra interés por los animales utilizar cuentos con animales. Si ya tiene personajes favoritos también es interesante incorporarlos a los cuentos.

Recuerda no incorporar tramas complejas y tampoco cuentos con muchos personajes, todo esto aparecerá más adelante de manera natural en las propias demandas de historias por parte de los que, de momento no resultan interesantes ya que pueden distraerles y hacer perder la concentración.

A partir de los tres años y hasta los cinco años comienza un periodo muy interesante desde el punto de vista de los cuentos ya que podemos incorporar historias más largas y complejas. Si en el tramo anterior entre 2 y 3 años no resulta interesante alargar más de cinco o seis minutos el cuento a partir de los tres años y progresivamente podemos ir subiendo esta duración hasta llegar a los 10 minutos.

En este momento de la vida de los niños comienza a crecer el interés por las historias y la fantasía aplicada a las mismas. Es un buen momento para plantearse incorporar cuentos en los que, aunque las tramas tiene que ser sencillas, los finales y las resoluciones planteen mensajes sencillos también pero muy directos. Existe una enorme cantidad de cuentos en las librerías orientados precisamente a esta edad. Aquí también va a jugar un papel importante la interpretación del cuento, recuerda que este es un momento para disfrutar tanto los niños como nosotros los padres.

Estimular a nuestros hijos, cuentos e historias mejorará su inteligencia y curiosidad, además incorporar la fantasía dentro de su crecimiento de manera natural es siempre interesante, como herramienta de aprendizaje y crecimiento, pero también como un gran elemento de diversión.

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Noticias · Escrito por el 15/11/16


Cómo ayuda el ser estricto a la educación de los hijos

Solemos asociar ser estrictos en la educación con un modelo educativo rígido o antiguo. Nada más lejos de la realidad. De hecho, ser estricto en la educación de los hijos a la larga resulta muy positivo cuando son adultos.

Cómo ayuda el ser estricto a la educación de los hijos

Esto, que no es realmente nada nuevo, se ve refrendado en un reciente estudio realizado por la Universidad de Essex en Inglaterra. Este estudio abarcó el proceso evolutivo de más de 15.000 niñas de entre 13 y 14 años hasta que cumplían los 20 años. También el estudio, ya que tal era el objetivo, valoraba el tipo de madre de cada niña participante en el estudio.

De esta evolución los psicólogos creadores del informe determinan que la mayoría de las niñas que se habían desarrollado junto a una madre estricta, con reglas a cumplir de manera metódica, había logrado obtener más éxito. Este éxito se medía desde el punto de vista académico, es decir, con mejores resultados académicos y acceso a las universidades más prestigiosas, pero también, con la obtención de trabajos de buena calidad.

En este contexto parecía destacar el hecho de los resultados positivos de un modelo de educación estricto, basado en reglas y objetivos, con estándares altos. Pero, además, desde el punto de vista personal, el estudio también mostraba como el hecho de atenerse a reglas y crecer en un ambiente estricto en cuanto al cumplimiento de las mismas se veía reflejado diversos aspectos. De este modo, el nivel de embarazos no deseados es menor en este grupo, y también es menor el nivel de consumo de drogas o alcoholismo.

El estudio no concretaba de manera concluyente cómo influye el crecimiento dentro del entorno reglado y estricto. Es decir, no profundizaban los mecanismos, sin embargo, realmente no estamos como decíamos ante algo nuevo. Una educación basada en límites, en el respeto a la convivencia y las reglas comunes de la misma, así como la responsabilidad de las obligaciones (fundamentalmente académicas y en el hogar) es un buen elemento para niños y niñas desde muy pequeños.

No debemos confundir ser estricto con ser excesivamente rígido, ni mucho menos con ser malhumorado o excesivamente impositivo. Al contrario, ser estricto se basa en un modelo que tiene que partir del ejemplo personal, es decir, todos participar en el hogar.

En este sentido, hace falta que las reglas sean claras y concretas. También es necesario que todas aquellas normas de respeto o cumplimiento se enfoquen desde un punto de vista positivo. Nos interesa más lo que vamos a obtener y que esto sea perfectamente visible, ya que la recompensa justificará el cumplimiento.

Asimismo, mantener una educación estricta de nuestros hijos debe realizarse de manera serena. Perder los nervios, expresarse de forma poco firme o intranquila no es desde luego un buen camino para proponer una educación estricta y efectiva.

Por supuesto esto debe ir acompañado de las alternativas. Una educación estricta en el hogar no significa una educación cerrada, hay que aprender a escuchar a los niños y a la vez a entender sus necesidades e incluso modificar determinados conceptos, reglas o normas. Sin embargo, es muy importante que una vez establecido ese modelo de relación con nuestros hijos, en el que ellos han participado en su elaboración, no cedamos. Las normas una vez aceptadas por ambas partes deben ser siempre respetadas.

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Salud y Bienestar · Escrito por el 08/11/16



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